Partimos del gesto, no de la lista de funciones
Una lista de funciones escrita sin haber visto trabajar a nadie produce una herramienta que nadie usa. Miramos primero cómo se hace hoy, dónde se atasca y qué se pierde entre dos pasos.
A veces la conclusión es que no hace falta una aplicación y basta con una hoja mejor ordenada. Lo decimos: una herramienta que nadie abre cuesta más que ninguna herramienta.